HOMICIDIOS EUROPEOS – Las trágicas consecuencias de la pérdida de derechos laborales, Loris Campetti, Il Manifesto

Hay un nexo terrible entre la decisión de la Unión Europea de liberalizar el horario de trabajo y la enésima masacre de ayer en la cotidiana guerra italiana en el trabajo, que acabó con la vida de nueve obreros, nueve personas (1). Este nexo se llama liberismo.

En la segunda mitad del S. XIX, lucha a lucha, matanza tras matanza, tomó cuerpo la Fiesta de los trabajadores, el 1 de mayo. El movimiento partió de los Estados Unidos y Canadá, desembarcó en Europa en 1889 cuando los delegados socialistas de la Segunda Internacional dieron carácter oficial a la fiesta. El 1 de mayor estaba centrado en un gran objetivo estratégico: la conquista de las ocho horas. En la primavera de 1906, nueve mil trabajadoras del arroz desfilaban por las calles de Vercelli junto con los trabajadores del metal cantando: “Si ocho horas / os parecen pocas…”. La lucha por las 40 horas ha marcado el S. XX. Una batalla de civilización que representó un hito histórico.

¿Quién sabe si los 27 ministros del trabajo de la UE han estudiado la historia del S. XX? ¿Quién sabe si la comprendieron? Hace dos días, 22 de ellos votaron una normativa que sentencia el fin no ya de las 40 sino de las 48 horas conquistadas en el lejano 1917. Del “siglo breve”, de su ferocidad y de sus conquistas casi todo se sabe. Pero ¿qué hemos de esperarnos de este siglo, si en sus albores nos catapulta 120 años atrás?

Cf. versão integral em: Rebelión

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