Necesitamos un sindicalismo que no vuelva a caer en la trampa mortal de los intereses compartidos con la patronal – David Macaray

“Ser castrado es cosa de por sí ya suficientemente mala; ser persuadido para proceder a la ablación por propia mano, es toda una humillación añadida”

La lección para el trabajo organizado es simple: manteneos unidos, manteneos en principios básicos, no os fiéis de nada que venga de la boca de la patronal. Sobre todo, no toleréis que nadie os venga con el cuento de que las relaciones laborales no tienen una naturaleza pugnaz, porque no es verdad. Las dos partes no quieren lo mismo. Nunca lo han querido y nunca lo querrán.

A mediados de los 80, los sindicatos norteamericanos cometieron un terrible fatal de juicio, de consecuencias epocales. Su error fue confiar en la dirección de las empresas. Más específicamente: se creyeron la versión patronal de la Nueva Cultura: la narrativa, según la cual las relaciones laborales habían dejado de tener una naturaleza “hostil”, que sindicato y patronal habían finalmente recobrado el sentido común, que “viejos y malos días” de los cabezazos y la mutua acrimonia habían pasado para siempre.

Cf. versão integral em: Sin Permiso

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